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EL CASO CARMEN DE PATAGONES

La sociedad está compuesta por múltiples comunidades representando a distintos sectores de la misma, por ejemplo, las comunidades, de abogados, de artistas y otras. En este caso quisiera referirme a la comunidad Educativa Nacional en la que el incidente producido en la masacre de Carmen de Patagones nos afecta, no sólo por las características propias del hecho, sino por el significado que se infiere del mismo.

En este sentido corresponde, en principio, diferenciar entre la violencia física –que estuvo presente- sino también la violencia simbólica presente  en y más allá del hecho, que es el lugar desde  nos afecta y repercute. Tengamos en cuenta, elementos como Escuela, Profesores,. Alumnos, convivencia, etc.; que a través de ese acontecimiento modificaron las relaciones existentes en esa Institución Escolar.

En relación a lo ocurrido en Carmen de Patagones, nos reunimos con el alumnado del Instituto en dónde desempeño mi labor docente y compartimos la gravedad del hecho y recordamos otro acontecimiento del alumno denominado “Pan Triste”, quien también realizó un acto delictivo similar al anterior, de  menor grado, producido como efecto de repetidas “cargadas”, que no promovían ninguna acción hacia su desarrollo como persona.

A su vez, nos interrogábamos –adultos y adolescentes- sobre el cuál es nuestro compromiso con el otro (prójimo), que hacemos con los mensajes que no comunicamos constantemente –oral  y/o escrito- en nuestra relación cotidiana; de qué manera realizamos esta violencia física, por un lado y la simbólica, por otro sabiendo que ésta última menos visible, menos tangible que la otra.

A veces, cuando cursamos la adolescencia, al escuchar la frase “hay que volver a los valores”, nos suena parte de un discurso que se desprende de los adultos, sin embargo, el respeto, la vida, la justicia, el amor, el trabajo, la caridad y otros valores, tiene un carácter permanente, trasciende las fronteras del espacio, del tiempo y de las edades. Los adolescentes deben exigir la vivencia de esos valores a los adultos, pero ellos también deben comprometerse  a vivirlos.

Si hay algo que estoy seguro, es que de ese diálogo, de esta nota y de los dos casos, entre tantos, que se presentan en éstas líneas no se agota el tema, intenta ser  un punto de partida, para El dialogo, entre  todos, adultos y adolescentes para que más allá de las diferencias encontremos desde lo que “No queremos que nos pase”, acuerdos que nos hagan crecer individualmente y en Sociedad.

Prof. Ernesto R. Barrantes

Director de Estudios del Instituto San Roque

LA  MASACRE DE CARMEN DE PATAGONES

                El trágico episodio ocurrido esta semana en Carmen de Patagones disparó un sin número de comentarios y análisis en la comunidad y sobre todo en los medios de comunicación. Se intentó buscar las causas  de esta tragedia solo en su familia, o en la escuela, o en la violencia de la sociedad o en la perturbación del muchacho desde una visión simplista del problema. En definitiva se intenta buscar las causas en forma rápida para poder encontrar un culpable y así poder encontrar una explicación simplista que traiga algo de tranquilidad. Porque inquieta pensar que nuestros hijos puedan estar expuestos a la violencia y a cualquier clase de peligro.

                Pero ante esta clase de acontecimientos traumáticos solo sirve tratar de pensar  y poner en palabras lo inexplicable. Estamos ante un problema complejo, que solo puede explicarse desde múltiples puntos de vista .Por un lado tenemos a un adolescente que atraviesa una etapa normalmente difícil de su vida y necesita el sostén de su familia, de sus amigos, de la escuela y de comunidad .Y este muchacho estaba aislado, no tenía amigos y le tocó vivir en una época de crisis para las familias, la escuela y la sociedad. El tipo de padecimiento que tenía era silencioso, no molestaba, no era violento. No era el típico adolescente que hace ruido, produce destrozos, consume drogas , o tiene un pobre rendimiento escolar .Era silencioso, tranquilo pero sufría y fue este sufrimiento difícil de registrar para los adultos el que actuó a modo de una olla a presión.

                Por otro lado no puede culparse a esa escuela de no haber podido anticipar la tragedia. La mayoría de las escuelas de nuestro país no están preparadas para detectar problemas psicopatológicos en los alumnos a menos que estos sean violentos y molesten. Los profesores están sobrecargados de trabajo y mal pagos y no están preparados para llevar a cabo una función  que nos es específicamente  la de ellos. Detectar problemas en los chicos, orientarlos y contenerlos es tarea de especialistas que deberían formar parte de los equipos escolares.

                Y por último las familias y la sociedad atraviesan una época de crisis teñida por la violencia .Los medios de comunicación transmiten un mensaje violento .En cualquier momento alguien nos puede agredir y nadie nos puede defender. Pareciera que la violencia fuera la única forma de conseguir lo que uno quiere y evitar que nos roben nuestros bienes .Las familias les enseñan a sus hijos que tienen que defenderse para no dejar que les pasen por arriba y  si este mensaje llega a alguien perturbado y que tiene una familia que no puede ofrecerle otros modelos o escucharlo y contenerlo entonces el final puede ser trágico.

                Más allá de las situaciones que atraviese cada familia siempre se debería buscar un espacio para compartir con los hijos, saber que piensan y que cosas viven y si se sospecha que nuestros hijos pueden tener un problema y pueden estar sufriendo buscar ayuda profesional.

Lic. Andrea Zappe

 

 

 


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Reservados todos los derechos - Última actualización; Lunes, 08 de Marzo de 2004

Clara Mente es integrante del Registro de Medios Vecinales de Comunicación de la Ciudad de Buenos Aires.

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